Se le llama así por razones obvias. Se podría decir que es Valparaíso menos sus cerros, la parte de la ciudad que es efectivamente plana y donde se encuentran reunidos la mayoría de comercios, caminos que lo conectan con su “hermana menor” Viña del Mar, monumentos y edificios oficiales a orillas mar. Pero eso sería simplificarlo demasiado, porque si los cerros son el alma de la ciudad, El Plano es su corazón.
El Plan, como le dicen los auténticos porteños, nos ha recibido con una mañana brillante en la que la brisa marina y los gritos de las gaviotas nos hacen mucho más evidente que acá abajo sí estamos en pleno puerto. Sus calles no me son extrañas, en mi época de estudiante más de una vez, entre típicos navegados y chorrillanas* vi salir el sol desde el bar La Playa y pasé tardes enteras curioseando los enormes y polvorientos estantes de la Librería Ivens.

Es en esos dos lugares -emblemas para mí- donde quiero empezar el recorrido de hoy para comprobar que ambos después de 100 años de fundados siguen ahí. Pero mi éxito es parcial. Al Bar La Playa sí lo encuentro como siempre y desde siempre, en la calle Serrano 567. Sigue ahí mismo con su larga barra estilo inglés y sus enormes espejos que solían pertenecer al legendario prostíbulo Los Siete Espejos; tampoco ha cambiado – sí aumentado- la colección de cachivaches varios que conforman la decoración mezcla de vintage y kitch del bar, ni sus altísimas puertas de madera, vidrios empavonados y bronce.
El Bar La Playa nació en 1908 y junto con el Bar Inglés y el Cinzano, inaugurados en 1916 y 1896 respectivamente, es uno de los más tradicionales y recomendados lugares para visitar en Valpo. Frecuentado por gente de todas las edades y nacionalidades, se precia además de ser el único bar de Valparaíso con una fantasma propia, que aparece capturada en esta foto que tomó un artista local hace unos años.

Aunque la tentación es grande no hay tiempo para quedarme a tomar algo – y es muy temprano, la verdad- así que me despido y parto por mi segundo objetivo.

Con la Librería Ivens no me va tan bien, al llegar a la puerta de su clásico local de la Plaza Aníbal Pinto me encuentro con un letrero rojo que nos dice que el espacio, que está vacío, se alquila. Nadie me sabe dar razón de que es lo que pasó con la tradicional librería de más de 110 años de historia en la que recuerdo haber visto ediciones rarísimas de mapas, planos, guías turísticas y libros sobre Valparaíso y Chile.

Caminando decepcionado por la cercana calle Almirante Montt, me llama la atención un pequeño local de venta de libros en el número 33 en el que se nota mucha actividad. Mi sorpresa es grande al enterarme que estoy presenciando el renacimiento de la Librería Ivens. Su dueño, Víctor Hugo Bustamante, me cuenta que tuvo que abandonar el clásico edificio porteño de amplias mamparas y fachada de calamina de zinc que albergó durante décadas a su librería, porque los nuevos dueños le triplicaron el precio del alquiler.
Su trasteo es reciente, llevan 3 días acondicionando el local, mucho más pequeño que el original pero con ambiciosos planes de continuar la tradición y acondicionar un centro de reunión cultural en el segundo piso. “Los costos del mal llamado progreso”, me dice Víctor Hugo, “ahora gente que no es del puerto está desalojando departamentos de familias que han vivido ahí por generaciones para construir lofts”. Pero él está tranquilo y nos dice que la librería ha sufrido varios cambios de casa en su largo siglo de existencia. Así Víctor Hugo y su esposa belga están listos para escribir una nueva etapa en la historia de la Librería Ivens y de la cultura en Valparaíso.

Ya satisfechas mis dos visitas nostálgicas, seguimos con nuestro recorrido y Víctor, mi guía, me sorprende con datos de la época de oro en la que Valparaíso era el puerto principal de América Latina, como por ejemplo que fue esta ciudad la primera en la región en contar con iluminación eléctrica, tener una bolsa de comercio propia y fundar un diario -El Mercurio de Valparaíso en 1827-, de hecho el más antiguo de habla hispana.
Nuestra caminata nos ha traído de vuelta a la calle Serrano, al pie del Cerro Cordillera, en la que descubro que La Playa no es el único vecino destacado sino que éste es de hecho uno de los sectores más interesantes del plano. Durante el auge de la ciudad, esta calle se convirtió en una de las vías comerciales más destacadas y muchas familias de alcurnia construyeron edificios con locales en el primer piso y habitaciones en el segundo.
A unos metros del bar y oculto detrás de unas puertas de madera talladas con las iniciales “G.R” se encuentra el Palacio Serrano o Casa Rivera, según a quien le pregunte uno.
Parece abandonado así que le damos un vistazo por dentro para encontrarnos con unas magníficas escalinatas de ónix verde y hermosos pasamanos que nos llevan al segundo piso, un descanso de mármol y madera tallada techado con vitrales que nos transporta de inmediato a otra época. Este palacio veneciano, actualmente ocupado por pequeñas oficinas y particulares, merece una visita y por cierto una restauración para convertirlo en un atractivo destacado del puerto.


Unos pasos al otro lado del andén, se encuentra un terreno descampado cubierto de pasto que me entero es un sitio de duelo, conmemorando la tragedia en que una explosión de gas y posterior incendio destruyó cinco edificios emblemáticos de esta calle en 2007. Pero todavía hay más sorpresas en esta ruta cargada de historia.
Casi al lado del ascensor Cordillera me encuentro con las escaleras de la muerte, una enorme y empinada fila de gradas casi verticales que solo los más osados utilizan para subir de vuelta al mundo de los cerros.
La calle Serrano termina en la Plaza Echaurren o Plaza de los Mentirosos, primera plaza de la ciudad y donde los marinos jubilados se reúnen a contar historias.
Pero he comprobado hoy que no son ellos los únicos y que en esta ciudad mágica cada rincón nos entrega una historia … si nos damos el tiempo de parar para escucharla.
JL
*Navegado: Vino tinto caliente con cascara de naranja y otras especias.
Chorillana: Plato típico de Valparaíso que consiste en papas a la francesa con huevo frito, cebolla frita y a veces también salchicha
Este es uno de 13 posts escritos sobre Chile gracias a la invitación de Turismo Chile y Lan Colombia de pronta aparición en su pagina.






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