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El adiós de un Inglés que ama Colombia

 You can find an english version of this post here: https://seecolombia.travel/blog/2013/10/why-i-love-colombia-a-farewell-letter-by-paul/

Incluso con un aguacero cayendo sobre Bogotá, dejar Colombia no fue nada fácil.  El momento, ahora lo sabía, había llegado.  Ahora me empezaba a aferrar a los que serían mis últimos recuerdos de Colombia. Un episodio que no quería que acabe. 

See Colombia Travel Team Cartagena
Al principio….

 

He pasado tres años de mi vida viviendo en Bogotá, escribiéndole al mundo sobre la belleza de mi país adoptivo – sobre los “espectaculares” paisajes y las “impresionantes” fiestas (los superlativos que más he usado). Y, sin embargo, en todo ese tiempo, nunca encontré la forma perfecta de capturar la esencia de Colombia y en cambio ella si me capturó a mí. Por supuesto, las arenas rojizas de La Guajira están selladas en mis recuerdos; indudablemente llevo conmigo  el calor y amabilidad de los colombianos; claro que disfrute incontables noches bebiendo aguardiente y Póker en bares de salsa y, a pesar de los numerosos guayabos, siempre fui por más.

Paul intenta unos pasos de cumbia

En mi intento por aclarar por que es Colombia tan mágica para mí, podría fácilmente decir que “es una combinación de muchas cosas”, y eso es verdad hasta cierto punto.  Pero no toda la verdad. Esas son cosas que también he encontrado en numerosos países del mundo – lugares que también se instalaron en mi corazón.

La verdad es que vivir en Colombia es un poquito más complicado que eso. No es un simple caso de enamorarse perdidamente de inmediato. A veces es frustrante. Muchas veces te pone a prueba. Los acuerdos no siempre se cumplen. La puntualidad es un concepto flexible, el transporte tumultuoso, y el ruido, a veces, insoportable. Hay momentos en que crees que ya llegaste al límite. Listo, se acabó. Hora de empacar. De irse a casa. Condenado Transmilenio.

Pero después, pasa algo. Algo sencillo.

Amigos y cervezas.

 

Sentado aquí en Berlín recuerdo abrazos entre tragos de aguardiente, un vallenato a todo volumen; pienso en un viaje a tierra caliente y en esos espectaculares paisajes; recuerdo a la mujer de esa tienda, tan amable que me quedé conversando horas con ella; cierro los ojos y veo a mi novia, bailando. Esas cosas podían, sin duda alguna, sacarme de encima cualquier rastro de mal humor (muchas veces fue la alegría del portero de mi edificio cada vez que yo pasaba por la puerta. “!!Poooooooollllll!!”,  me gritaba con una sonrisa). Esos momentos, a pesar de cualquier frustración que hubiese experimentado antes,  me recordaban  eso – ese “eso” inexplicable – que me mantuvo feliz allá en Bogotá.

Paul y Valentina

Colombia es un país que ha pasado por cosas terribles. Muchos episodios de su historia han sido marcados por corrupción, asesinatos, drogas y violencia. No hay necesidad de repetirles lo que ya miles han escrito y millones han leído. Vean una película de Hollywood y van a ver el daño que ha hecho esa imagen al imaginario popular sobre Colombia. Lo que a mí me importa, lo que a los extranjeros que hemos pisado alguna vez su suelo nos importa, es que Colombia se ha levantado – y continua levantándose – con una sonrisa en sus labios.

Conozco muy pocas nacionalidades con tanta  capacidad de perdonar, proseguir y mirar hacia el futuro con una alegría y entusiasmo tan contagiantes. Y eso pasa en toda Colombia. En cada rincón que uno visite, sin importar el pasado, se viven el optimismo y esperanza de una manera tan tangible ante la cual hasta los más escépticos sucumbimos; un país tan profundo en su pasión que hasta a los más indiferentes nos coge diciendo – – uuush, que rico este tinto!

Un país tan acogedor que, eventualmente, sientes siempre que eres parte de la familia de todos. 

Paul y su hermano en el Amazonas Colombiano

Hay muchísimas cosas que voy a extrañar de Colombia (Ya estoy tratando de convencer a mis nuevos empleadores de trip.me de que me envíen a un “viaje de inspección”). Desde tomarme unas Poker en una tienda de Chapinero hasta tirarme bajo el sol de Tayrona. Al equipo de See Colombia Travel, que durante los últimos 3 años fue como una familia para mi (gracias por eso , chicos). Voy a extrañar los partidos de futbol de los viernes, voy a extrañar Wok; los domingos en Usaquén; decir “¿Cómo estás?” de cinco formas distintas; los pedazos de carne con arroz y frijoles; las oportunidades; el tinto;  voy a extrañar mis charlas con los taxistas; la salsa; el ajiaco; el trago en cajas; voy a extrañar la alegría y la esperanza; voy a extrañar a la gente. Así que muchas gracias Colombia, esto ha sido increíble. Una experiencia que me cambió la vida. Y voy a regresar.

Salimos de la disco a las 3 A.M. Mi novia se queja de que le duelen los pies de tanto bailar. Nos preguntamos a donde ir e inevitablemente acabamos en la casa de alguien, donde bebemos más ron, más cervezas, más aguardiente.  Y junto con el murmullo de nuestra conversación, las notas de un reggaetón acercándose por la calle,  el ruido de un cartón al doblarse y el paso cansado de un caballo, tengo la impresión de que todos son felices. O están intentando serlo.

Y así es como recordare siempre a Colombia, mi hogar querido.

Paulie en La Guajira
 
 
 Paul
 
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