Todo visitante en Cartagena de Indias queda seducido con su magia y sabe que los días que se pasan en esta ciudad colonial de Colombia, patrimonio cultural de la humanidad, nunca son suficientes para develar sus secretos. Siempre, siempre, hay algo que se nos quedó por ver y que nos hace extrañarla apenas la dejamos.
Cartagena es uno de esos lugares en los que uno podría detenerse en cada calle empedrada, en cada casa colonial, en cada plaza donde los locales y visitantes por igual se refugian del calor, y salir de cualquiera de esos sitios con una historia digna de contar.
Esta historia, que en realidad son varias historias se concentra en unos cuantos metros cuadrados, alrededor de la plaza de Santo Domingo. Hemos incluido a continuacion una imagen en 360 grados para que estas historias queden mejor graficadas y los lectores se puedan sumergir en las mismas, los textos de los relatos siguen debajo de la misma.
PLAZA DE SANTO DOMINGO – CARTAGENA in Colombia
La torre que no existe.
Si levantamos la vista parándonos enfrente y hacia el lado izquierdo de la fachada de la iglesia que da el nombre a esta plaza, y dándole la espalda a “La Gorda Gertrudis”, la escultura de Botero que adorna el lugar, notaremos un detalle bastante particular: la torre del lado derecho no existe, pues fue derribada a cañonazos durante uno de los asedios de piratas y corsarios al puerto de Cartagena. No solo se derribó la torre, sino que se debilitó tanto la estructura del templo que se tuvo que apuntalar por todo el costado derecho con enormes refuerzos de piedra que hasta ahora son característicos del lugar, en la calle llamada “de los estribos”.
Don diablo se ha escapado
Al parecer este templo tiene muy mala suerte con sus torres. Según cuenta la leyenda , ya casi al terminar la construcción de la iglesia, el diablo en persona, molesto por la proliferación de construcciones en honor a su archí-enemigo, no tuvo mejor idea que tratar de destruirla abrazando la torre derecha y zarandeándola con la idea de hacerla caer. Para su mala suerte, la estructura estaba tan “bien construida” que solo la pudo girarla un poco, quedando evidentemente torcida. Humillado, el diablo saltó hacia la plaza. Las malas lenguas dicen que la realidad es que esta historia fue divulgada por el arquitecto a quien los cálculos le fallaron, aparentemente por un exceso de bebidas espirituosas. Nos gusta más la historia del diablo.
El Pozo con olor a azufre
Pero, ¿Qué fue del diablo cuando saltó derrotado desde la torre de la iglesia de Santo Domingo? Pues que para su mala suerte (no andaba de buenas ese día) cayó en un pozo al medio de la plaza que fue inmediatamente cerrado por los vecinos del lugar. El olor a azufre que algunos dicen se percibe en el lugar durante algunas noches Cartageneras es la prueba fehaciente de que Mefistófeles debe ser el único visitante forzado de la ciudad.
¿Y dónde están los santos?
Llama la atención que en toda la fachada del templo vemos espacios vacíos en los que evidentemente deberían reposar imágenes contemplando a sus fieles pasar. Sin embargo en esta ocasión el diablo tuvo poco que ver con estas desapariciones. A lo largo de las décadas estas figuras fueron desapareciendo paulatinamente, aparentemente hurtadas por ladrones comunes que buscaban revenderlas a coleccionistas. Aunque quien sabe, a lo mejor don diablo si está detrás de todo esto…..
JL
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