Isla de Pascua está en medio del Océano Pacifico y tiene como vecino más cercano a las Islas Marquesas a 2200 kilómetros de distancia. Debido a su localización y acotada extensión de 166 kilómetros cuadrados, hay muchos mapas en los que ni siquiera aparece. Todos los insumos de la isla son recibidos, además, desde el Chile continental, a 5 horas de vuelo, ya que su producción agrícola y ganadera es prácticamente nula y sus actividades principales son la pesca y el turismo.
Una de mis interrogantes era entonces cual sería la oferta de hotelería de categoría superior en la isla, aparte del conocido Hotel Explora que ganó en 2011 la mención de T+L como mejor hotel de Latinoamérica.
Me imaginaba, como comprobé recorriendo Hanga Roa , que habrían además muchos hostales, pensiones y hoteles de nivel medio, pero mi curiosidad era si Rapa Nui podría competir con las exigencias de clientes acostumbrados a un servicio de clase mundial y mantener el excelente nivel de alojamiento que había tenido hasta ahora en mis viajes por Chile.
Mi intención era alojarme en un hotel de pocas habitaciones, con fuerte presencia de la cultura local pero con todas las comodidades que uno esperaría en un destino en crecimiento como Rapa Nui.
Hare Noi, el nombre del hotel en el que me hospedé, significa “Casa Nuestra” y todo en este lugar gira alrededor de ese concepto sin dejar por esto de ofrecer un servicio de primera.
Lo más evidente al llegar al Hare Noi es lo amplio de la propiedad que crece desde el llano sobre una colina de pendiente suave cubierta principalmente por sus grandes jardines y la huerta que lo rodea. El lobby está en la parte más baja en una cabaña y desde ahí se pueden coordinar excursiones, reservas para restaurantes y shows típicos en Hanga Roa, la ciudad capital, a 15 minutos caminando.
Sus nueve habitaciones, cinco con vista al mar y cuatro con vista al jardín divididas en seis “hares” (casas) en lo más alto del terreno, tienen como característica original compartir amplias áreas comunes siguiendo la ancestral tradición Rapa Nui, y es en el comedor de esa área donde todas las mañanas se entrega el desayuno en una canasta cuyo contenido se elige la noche anterior de una surtida lista de ingredientes locales e internacionales.
Mi habitación tiene una impresionante vista al mar desde la cama super king size y es lo suficientemente amplia para abrir con comodidad mi equipaje e instalar una pequeña estación de trabajo bloguera con acceso a una excelente señal tanto de celulares como de internet. Las paredes de piedra y los vidrios parecen tener un sistema de aislamiento de sonido que asegura la quietud para apreciar el paisaje que se disfruta aún mejor desde la hamaca instalada en el balcón.
Mención aparte merecen los exquisitos amenities, producidos por la misma cadena y utilizando insumos naturales, las amplias duchas verticales y las sabanas de 300 hilos que en conjunto con los cubre lechos de plumas de ganso aseguran una noche de descanso increíble.
El clima cuando regreso de las excursiones por las islas no está de mi lado y por la lluvia no puedo probar la piscina ni el SPA al aire libre, pero la excelencia en el servicio queda en evidencia cuando la última noche me pasan a buscar a la habitación para sorprenderme anunciando que mi esposa, desde Bogotá y en complicidad con el personal del Hare Noi , me ha organizado un masaje por el día del padre. Todo esto en medio de una remota isla del Pacifico. ¿Quién lo hubiera pensado?
JL

